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Familia alteña emprende juntos en la gastronomía y rompe esquemas con su pasión por la repostería

Familia alteña emprende juntos en la gastronomía y rompe esquemas con su pasión por la repostería
Con su pequeña hija de seis meses en brazos, Kevin Flores y su esposa Sandra Romero, ambos de 23 y 22 años respectivamente, demuestran que no hay límites cuando se trata de aprender y emprender. La familia alteña participa activamente en los talleres de repostería ofrecidos en el Espacio Joven, un centro dependiente de la Unidad de la Juventud de la Alcaldía de El Alto, donde comparten su amor por la cocina y buscan nuevos horizontes en el mundo gastronómico. Kevin, quien además es el único hombre de los 15 estudiantes del curso de repostería, sostiene con orgullo que la gastronomía está en su sangre y que, al igual que las mujeres, él también tiene la capacidad de ponerle su sazón a los platos. “Estoy aprendiendo mucho. Como tenía un poco de tiempo, decidí aprovecharlo para capacitarme más”, comenta entre risas, mientras amasa la masa de galletas junto a su esposa Sandra, quien también se forma como repostera en este curso. La familia Flores Romero ha roto tres esquemas: Kevin y Sandra demuestran que tanto hombres como mujeres pueden aprender y desempeñar las mismas funciones, que tener un bebé no es un obstáculo para seguir aprendiendo, y que, además, se puede aprender en familia. Sandra, quien estaba embarazada cuando se enteró de los cursos, afirma que aprovechar esta oportunidad fue fundamental para ella: “Nos encanta la cocina, tenemos la sazón por nuestros padres, y nos encanta seguir aprendiendo”. Sandra, que dejó de trabajar para cuidar a su hija, ha logrado organizar su tiempo para seguir adelante con sus estudios. Mientras se realiza el pesaje de los ingredientes, la pequeña bebé se mantiene tranquila y sentada a su lado. “Cuando es hora de amasar, la cuido, y si no, ella me acompaña en todo el proceso”, asegura Sandra. A pesar de sus múltiples responsabilidades, la familia Flores maneja una pequeña pensión y ahora con la formación en repostería, tienen planes de expandir su negocio y abrir una pastelería. “Si ya tenemos la comida, ¿por qué no ofrecer un buen postre también?”, reflexiona Sandra con entusiasmo. Jasmin Quisbert, capacitadora del curso, destaca el esfuerzo y dedicación de la familia Flores, quienes inspiran a sus compañeros. “Ver a Kevin y Sandra con su bebé motiva mucho. Ellos muestran que con esfuerzo y trabajo en equipo se pueden lograr grandes cosas”, asegura Quisbert. La capacitación en repostería, que comenzó en septiembre, culminó el 7 de noviembre, pero se dará inicio a una segunda fase que profundizará en los conocimientos adquiridos y les introducirá en el mundo del emprendimiento. Con este nuevo impulso, la familia Flores sueña con hacer crecer su negocio y, tal vez, convertirse en un referente en la ciudad de El Alto con su nueva oferta de pasteles y postres.
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